2º relato: “Empañar tus cristales”

Atada a mis pensamientos, deambulo por las angostas calles.

El helor del aire penetra bajo mi vestido por cada hebra de tejido de mis bragas usadas, entumeciéndome a cada paso y con el único consuelo del vaho que destila mi acalorada respiración. Me encuentro agitada por el ritmo frenético de un corazón acelerado, con mis nítidos recuerdos, mis apasionados deseos…el bombeo de un palpitante latir que lanza mi ardiente sangre a cada rincón de mi figura… desazón aplacado por la repentina aparición de su presencia al otro lado de la desértica calle.

Conectada a su ojos casi olvido el respirar, el lejano murmullo de mi consciencia… Me acerco, le susurro un saludo al oído mientras cierro los ojos para refugiarme en el deleitante dulzor de su aroma. Por fin. Acomodada en su torso, despierto del sopor mientras me encamina dirigiéndome por la ciudad.

Paseando con mis bragas usadas
El eco de nuestras pisadas es el único sonido que perturba la tranquilidad de la noche, alcanzo a escuchar cada una de sus inspiraciones mientras le contemplo absorta en los atices de su atractivo.

Mis bragas usadas, dueñas de la situación

Me sonrió delicadamente al compás de una mirada furtiva y pícara, me ruboricé por la situación cuando llegamos a su coche. Una vez allí, el solo hecho de ver sus manos agarrar el volante y tomar el control de la situación me antojaba el ardiente deseo de que me tocara, me despojara de mis bragas usadas y poseyera allí mismo.

Empujé mi cuerpo hacia el respaldo del asiento mientras me agarraba con fuerza en un acto de intentar disimular la fogosidad de mi anhelo. “¿Mi piel está en llamas?”. Tuve que mirarme para comprobar que todo seguía en orden.

Cerré los ojos intentando no pensar en mi lujuria, pero el coche paró ante mi sorpresa y una mano que ascendía por mi pierna me hizo respingar.

Abrí los ojos y sus facciones estaban tan cerca de mi rostro que el muro de contención que instalé se vino abajo cuando me abalancé sobre sus labios entrelazando mi lengua con la suya.

Jadeante y sentada a horcajadas sobre él, le descamisé para besar y morder su atrayente torso. Mientras, sus manos resbalaban mi vestido para descubrir de tejido mi piel erizada. La desprotección de la tela me hizo encogerme en un escalofrío del que percató para acto seguido envolverme en sus brazos.

Besando su cuello, alcancé con mi mano la parte más baja de su abdomen.

Mis bragas usadas, una moneda de cambio.

La deslicé suavemente hasta bajar la cremallera por la cual se escapó su miembro viril.
Necesitaba degustarla y necesitaba que el degustase mis bragas usadas. Posicioné mis labios en su tronco besando y humectándolo con mi lengua mientras le lancé una mirada traviesa que le sobrecogió en su excitación.

Como si me estuviese comiendo un helado con mis bragas usadas
Como si aquello entre mis manos fuera un sabroso helado de nata derritiéndose y bañando mis dedos, relamí, lengüeteé, chupé…masturbé el falo hasta que la rigidez de este permitió que mi boca y mi mano se empaparan de sus fluidos.

Presté atención a los míos cuando noté que cosquilleaba un ligero descenso de estos a través de mi ropa interior. Me eché una mano a mi entrepierna para evitar correrme aún, pero percatando mi acto de desesperación, me agarró férreamente y me despojó de la ropa interior que aún me tapaba; mis bragas usadas ya eran suyas.

Y allí, ambos desnudos y excitados, dejé rienda suelta a mi pasión atándole las manos con la cinta de mi pelo. Inmovilizado, aún sentía que necesitaba de algo más para someterle a mi frenesí. Rasgué mi vestido y lo utilicé para tapar su visión anudándole la tela en torno a su cabeza.

La situación nos puso a 100 a dominadora y dominado. Jugué con el tacto y posé uno de mis pezones en sus labios. Agitado, aspiró y mordisqueó sin que yo pudiera reprimir un gemido de placer.

Dulces de “amor” entre mis bragas

Acto seguido, recogí de mi bolso un bombón de chocolate, y manteniéndolo entre mis dientes, dejé que intuyera su presencia por su endulzado aroma y relamiera su superficie.
Impregnados por el sabor del chocolate, besé a mi amante salvajemente al tiempo de que mi lengua recorría cada rincón de su boca. Cuando retiré mi rostro del suyo, ni si quiera la improvisada venda pudo encubrir su cara de deleite; que provocaba en mi interior el empuje de que sintiera realmente hasta donde podía llegar con él.

Para cuando quise darme cuenta, el bombón perdió su forma al derretirse entre nuestro sudorosos y ardientes cuerpos. Al principio, me sentía atraída por la idea de hacerlo en aquella calle, pero los cristales del coche, empañados por la dimensión de la circunstancia, formaban un velo entre el exterior y nuestro lecho particular.

Mis bragas sucias como mis pechos Mis pechos, cubiertos por el chocolate, se erizaron con el contacto de su flácida pero nerviosa lengua, mientras él se deleitaba cada vez más con el olor de los jugos de mis bragas usadas.

Notando un álgido nivel de erección incontenible para ambos, dejé que suplicara la penetración mientras me monté sobre el de un salto que nació de lo más hondo de mis instintos.

Actuando la gravedad, sus testículos chocaron contra mis genitales de forma que en lo más profundo de mi vagina se producía un estremecimiento ante la vigorosa entrada.

Un grito emanó desde mis entrañas iniciando así movimientos animales que me hacían cabalgar sobre él mientras gemía y contraía.

Las sacudidas le concedieron el poder de desatarse y, al poderme mirar de nuevo a mis ojos inyectados en apetito sexual, me llevó en volandas hacia la parte trasera del vehículo para empotrarme contra el asiento dándole mi espalda.

En ese momento, sorprendida por una embestida en un lugar que nunca antes me habían penetrado, el escozor se hizo notar en mí. Ausente de lubricación, me preguntó con voz fatigosa y entrecortada si quería que no continuara. Pero algo en mí ansiaba frenéticamente ese acto…

-No importa que… duela-. Dije entre resoplidos que me sobrecogían ante ese nuevo tipo de placer.

-¡ME GUSTA!

Paré el sexo anal para evitar que se corriera aún, quería tenerlo por más tiempo. Pero estaba en su punto álgido, me dijo que no podía parar, estaba a punto. Cogió mis piernas, y abriéndolas, me la metió lo más hondo que dejaron sus testículos; comprimidos por la presión y mojados por flujos vaginales, que gracias al placer, le chorreaban aún más que mis bragas usadas.

Aumentó la velocidad a niveles salvajes y, inconscientemente, levanté mi cuerpo ante tanta fricción vaginal. Grité por un espasmo gutural en una de sus profundizaciones, mi cabeza se volatilizó ante un orgasmo que llegó tan de improviso como de forma vigorosa, curvé mi cuerpo hacia atrás en una convulsión que desencajó mis facciones.

La potencia era tal que me dirigí veloz hacia el semen que empezaba a chorrear por su desahogante glande, y apretando mis labios contra el frenillo, deje que la corrida se descargara en mi garganta.

Extenuados, dormimos juntos con la única compañía del calor que habíamos creado.
Despertados por la luz del amanecer y los sonidos de una ciudad que empezaba su día, nos encaminamos de vuelta entre tiernas miradas y juguetonas caricias.

Apretado mi estómago cada vez que tenía que despedirle, soñé cómo sería nuestra próxima cita. Cada vez que nos juntábamos, era como el choque imprevisible de dos icebergs que nunca dejarían de revelar su supremacía en la aparente calma de las aguas que les rodean.

Fantasee con aromas, sabores, nuevas formas de disfrutar juntos…pero eso ya es parte de otra historia…otra historia de Miss bragas usadas.

Besitos,

Miss Bragas Usadas.

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